Marc Antoine Charpentier fue un compositor muy respetado y famoso. Tanto, que el propio Molière le encargó que pusiese música a algunas de sus obras más conocidas, como "El enfermo imaginario". Aclamado y celebrado por las multitudes, fue autor de óperas de gran éxito, misas de una enorme espiritualidad, y oratorios de agárrate y no te menees. De hecho, es considerado como uno de los mayores compositores franceses de música sacra.
Y una de sus obras más importantes es un solemne "Te Deum", una magnífica composición para la ceremonia religiosa de acción de gracias. Llevado por ese espíritu de "grandeur" tan barroco y tan francés, Charpentier la dotó de una introducción sublime, tan magnífica, que estoy seguro de que pensó que su nombre y su música seguirían sonando en los siglos venideros.
Y acertó al cincuenta por ciento. Porque a ver quién es el guapo que se acuerda hoy del pobre Charpentier. Pero, a cambio, seguro que hay muy pocos mortales europeos que no hayan escuchado alguna vez las primeras notas de su
Te Deum
¶