Anoche, como todos los años, fuimos a ver el "Vía Crucis" que se celebra en el pueblo donde vivimos. Consiste en una representación del juicio de Jesucristo, seguida de la subida al Calvario, a lo largo de un bonito paseo en el que los actores aficionados escenifican las diversas estaciones.
En otras ocasiones, la verdad, daba la impresión de que había más buena voluntad que acierto, pero esta vez la organización ha sido impecable, y sólo ha faltado que nos acompañase el tiempo primaveral que suele hacer aquí por estas fechas; este año me temo que alguno de los "Cristos crucificados" habrá agarrado una buena pulmonía.
Pero lo más curioso ha sido lo de las caras conocidas. Escudriñando los rostros de los actores, a veces uno reconoce al tendero de la esquina, o a la funcionaria del Ayuntamiento esa tan simpática, o al chico que atiende en la gasolinera. Pero es que este año los amigos y conocidos estaban todos en el bando de los "malos". Algún soldado romano, uno de los sacerdotes (no sé si Anás o Caifás; tengo que preguntárselo)... y, por supuesto, el mismísmo Judas, mi amigo Vicente, cuya mano de excelente organizador de saraos de todo tipo tanto se ha notado.
No sé, no sé... ¿tendrá esto algún significado? ¡Qué cosas!
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