Me sigo resistiendo. No me gusta. No me atraen los mítines, la propaganda y, sobre todo, la demagogia que traen consigo. No me hace ninguna gracia meterme en política. Ni siquiera en una tan concreta, posibilista y, digamos,
poco política como la que puede hacerse desde una agrupación independiente y a nivel municipal.
Pero detesto que me tomen el pelo, que ya me queda muy poquito. Y en el suplemento especial que hoy se ha distribuido gratuita y profusamente por el pueblo, ambientado con numerosas fotos (en algunas de las cuales no aparece el alcalde) y con un patético texto en el que se narran las hazañas medioambientales del actual equipo municipal, detecto no un montón de falsedades propagandísticas, sino un intento descarado de tomarnos el pelo de la manera más miserable posible. Que tras años de denuncias el alcalde se vea obligado a adoptar alguna medida para evitar los vertidos de aguas fecales de una urbanización (nada del otro mundo, no crean: de momento, tapar la tubería con tierra, para que no huela tanto) y se lo apunte como un logro, tiene narices. Que, después de cuatro años viendo cómo los barrancos siguen acumulando restos de podas, escombros, trastos viejos y toda clase de porquería, nuestro munícipe (sin coñas: así le llama el panfleto) prometa las mismas medidas de limpieza que prometió hace cuatro años, tiene tela. Y que, en uno de los municipios de la Comunidad Valenciana donde la especulación urbanística ha arrasado más superficie de arbolado, el tipo presuma de su labor en pro de la conservación del medio ambiente, tiene... bueno, tiene cojones. ¿Para qué andarnos con eufemismos?
Así que yo sigo resistiéndome. Sigo negándome a meterme en la candidatura.
Pero, teniendo en cuenta que el periódico ha anunciado que va a dedicar a nuestro pueblo y a nuestro alcalde, hoy "valedor del medio ambiente en su municipio", otros nueve especiales, no sé qué se agotará antes: mi resistencia, o mis cuatro pelos.
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