Todos sabemos que el tiempo es relativo. Einstein le puso números a la cosa, demostrando que el transcurso del tiempo varía en función del movimiento del observador. Es la famosa Teoría de la Relatividad.
Pero hay otra Teoría de la Relatividad, con menos matemáticas y más corazón. El tiempo, como todos sabemos, varía también en función de cómo se esté disfrutando. A veces parece arrastrarse, languidecer cuando uno está aburriéndose o pasando un mal momento. Y otras, en cambio, parece volar, y las horas se convierten en segundos que apenas podemos disfrutar como se merecen.
Esto último es lo que me ha pasado este fin de semana: el tiempo se me ha hecho cortísimo. Y, en contra de lo que pudiera parecer, la "culpa" no es del Abuelo Mayorga y su reparación, eternamente chapucera, del reloj del Ayuntamiento de Plasencia.
No: la culpa ha sido de una familia maravillosa.
Marga, Antonio, Carolina, Alejandra,
Yuca,
Corleone,
Elda,
Orión: gracias por todo. Sois fantásticos.
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