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Como estoy no sé si griposo o asténico, no me encuentro muy inspirado para escribir. Y eso que el fútbol hoy me ha dado una alegría ;-)

Pero, mira por dónde, hoy me han comentado un artículo mío que apareció hace unos meses en un periódico. Y como aún tengo el archivo a mano, pues aprovecho y lo reciclo.


Juegos de guerra

He oído que acaba de ser presentado un libro dedicado a los grandes errores militares del Siglo XX. Un tema curioso para todos los interesados en la Historia, aunque con estas cosas pasa lo mismo que con las declaraciones de don Xabier Arzalluz: se debate uno entre la risa al oir el esperpento y el espanto al pensar en las consecuencias.

Resulta difícil contener la risa, por ejemplo, al conocer la manera en que los alemanes conquistaron en 1916 Fort Dounamount, una de las principales fortalezas defensivas francesas. Al aproximarse al fortín, unos zapadores alemanes descubrieron con sorpresa que nadie les disparaba, de modo que entre todos se las apañaron para subir a su sargento hasta una de las aspilleras para echar un vistazo. Como el sargento no vio a nadie, decidió entrar por la aspillera, a ver qué pasaba. Y pasaba que los franceses no estaban allí: un oficial se había olvidado de transmitir la orden de guarecer el búnker, que se quedó con una mínima dotación de 56 hombres. Que, encima, estaban casi todos en la sala principal del búnker, escuchando una conferencia. El sargento, un tal Kunze, no tuvo más que cerrar con llave la puerta de la sala para conquistar la posición.

Hasta aquí la "cara". La "cruz" es la de los más de cien mil franceses que murieron en la reconquista el búnker, una cifra ante la cual uno tiene que ser tan insensible como... bueno, como un votante del señor Arzalluz para no sufrir un escalofrío de espanto.

Claro que no todos los errores militares son tan sangrientos. Algunos no lo son en absoluto, como el que cometió el conde Auersperg, un general austríaco al que le tocó la difícil papeleta de luchar contra Napoleón. En 1805, Auersperg recibió la orden de proteger el puente de Spitz, sobre el Danubio, destruyéndolo antes de que cayera en manos francesas. Pero Murat y Lannes, los dos mariscales al mando del ejército francés, no atacaron: se limitaron a caminar hasta las líneas austríacas y convencer al conde de que Austria se había rendido y que, según los términos de la rendición, debía entregarles el puente. Y el conde picó como un pardillo. La derrota austríaca fue tan vergonzosa que casi hizo olvidar a la de Karansebas, en 1788, cuando un ejército al mando del propio emperador José II se las apañó para derrotarse a sí mismo sin que sus teóricos enemigos, los turcos, aparecieran siquiera por allí. Todo empezó cuando unos borrachos iniciaron una pelea durante una marcha nocturna. Al oir el jaleo en medio de la oscuridad, los soldados más próximos creyeron que estaban siendo atacados por los turcos y comenzaron a disparar. La confusión se extendió enseguida por toda la columna, y, ante la impotencia de los oficiales, los austríacos se dedicaron a tirotearse unos a otros hasta el amanecer. Con diez mil bajas entre muertos y heridos, el ejército tuvo que retirarse.

Supongo que el libro en cuestión hablará del famoso Desastre de Annual, de 1921, cuando la imprevisión del general Fernández Silvestre y las presiones del rey Alfonso XIII, que le pedía que le regalase una victoria para su cumpleaños, se aliaron para provocar una auténtica catástrofe: más de catorce mil muertos (los rifeños degollaron a casi todos los heridos y prisioneros), Melilla desguarnecida ante el avance de Abd el Krim y una crisis política que acabó definitivamente con el régimen de la Restauración. El único "consuelo" es que, al menos, los españoles fuimos derrotados por errores tácticos, y no por algo tan triste como lo que le pasó al general sir Arthur Macarthy en Bonsaso, en 1824: ante el ataque de los feroces guerreros asante, sir Arthur ordenó distribuir munición a sus soldados... para encontrarse con que las cajas de balas sólo contenían galletas. La cabeza de Macarthy acabó, como la de Fernández Silvestre, siendo paseada en triunfo en la punta de una lanza enemiga.

En fin, que errores militares hay muchos, y casi todos sangrientos. Pero sólo hay uno, que yo recuerde, con la trascendencia de lo que ocurrió en Italia en 1522. Ocho mil piqueros suizos, aliados de Francia, tuvieron la ocurrencia de atacar a una guarnición española perfectamente atrincherada en el interior de un bosquecillo. Naturalmente, fueron acribillados a placer por los mosqueteros. Para Europa, aquel combate significó el fin de tres siglos de predominio de los piqueros suizos en los campos de batalla, y el comienzo de la larga supremacía de los Tercios españoles. Para Suiza, el principio de su neutralidad: tras su derrota la Confederación Helvética renunció a participar activamente en ninguna otra guerra, aunque siguió enviando puntualmente sus mercenarios al mejor postor.

Y para España supuso incorporar una palabra nueva a nuestro idioma. Porque si ha habido alguna vez algo obtenido de forma fácil y sin apenas costo, fue la victoria del bosquecillo de Bicoca.


2002-04-24, 01:11 | 4 comentarios

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Comentarios

1
De: Daurmith Fecha: 2002-04-30 01:13

No sabía lo de Bicoca, pero me ha gustado un montón el dato, oye.



2
De: Yam Fecha: 2002-04-30 23:55

Lo curioso es que eso lo supe leyendo un libro sobre historia... de Suiza.

No semos naide ;-)



3
De: Luis Javier Capote Pérez Fecha: 2002-05-05 01:08

Podrías añadir algún día las andanzas de la flota del Báltico de camino al pacífico durante la guerra ruso-japonesa de 1905. Son igualmente hilarantes... y terribles.



4
De: Mist Fecha: 2007-07-26 14:28

Interesante lo de Fort Dounamount. Despues de tu blog, lei la historia en el wiki,... espeluznante lo que paso ahi.


Otros errores que me constan:
la carga de la caballeria ligera contra artilleria de saturacion(guerra de crimea), introduccion del mosquete riflado en la guerra civil americana y la introduccion del rifle de repeticion en la guerra bavara-austriaca.
Errores,todos ellos, causados por el uso de viejas tacticas contra nuevas armas.



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