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Nuestro hombre-pez particular (que sí es verdadero, no como otros...) ha escrito un "recordatorio" enigmático, epigramático y ético, y gramático y simbólico. Pero, puestos a adivinar, diría yo que se refiere a esa magna conjunción astronómica que se nos viene encima.

Cuando yo miro y veo juntitos, casi "tocándose", la chimenea de la casa de mi vecino, el árbol que hay junto a la piscina de aquel chalé tan grande de más allá, la grúa amarilla que han puesto en la obra de al lado de la carretera, el depósito de agua del pueblo y las cumbres de la Sierra de Bernia, lo único que sucede es que estoy mirando por la ventana del cuarto de baño, que es el único lugar de la casa desde el que todo eso se me aparece en la misma línea de visión. Pero el hecho de que esos objetos, que están a distancias distintas, parezcan acercarse entre sí simplemente porque yo me muevo a una posición desde la que los veo así, no me sugiere la proximidad de ningún hecho extraordinario, ni me parece que sea un presagio de algún acontecimiento excepcional.

Con los objetos celestes la cosa es un poco más complicada. Yo tengo las suficientes referencias de todo tipo como para saber a qué distancia están la chimenea del vecino y el "forat" de las cumbres de Bernia, así que soy perfectamente consciente de que éste se encuentra mucho más lejos que aquélla. Sin embargo, las luces en el cielo son eso, luces en el cielo, y ni siquiera sus cambios de magnitud permiten hacernos una idea cabal de su distancia. Ese es uno de los motivos, supongo, por los que en la antigüedad una conjunción planetaria era tenida como un acontecimiento premonitorio: el hecho de que todas esas luces se aproximasen tanto entre sí debía ser algún mensaje de los dioses.

Hoy en día sabemos perfectamente qué son los planetas, cómo se mueven, y que la única razón para que los veamos más o menos juntos entre sí es porque sus movimientos y los de la Tierra hacen que de vez en cuando se "apelotonen" en nuestra línea de visión. No es más (ni menos) que un fenómeno astronómico perfectamente comprensible. Hasta podríamos clasificarlo de trivial.

Sin embargo, sigue habiendo quien cree que esas alineaciones y conjunciones esconden mensajes sobre el destino. Que las estrellas gobiernan nuestro carácter, nuestros gustos, nuestras aptitudes y nuestro porvenir. Que somos tan, tan importantes, que la mecánica celeste existe tan sólo para que los astrólogos puedan leer en ella nuestros horóscopos.

Para quienes no creemos en esas viejas supersticiones, la conjunción del mes próximo será tan sólo un hermoso espectáculo. No tendrá más trascendencia en nuestras vidas que la de confirmarnos, una vez más, que la realidad del Universo es infinitamente más fascinante y más hermosa que esos residuos de pensamiento mágico que aún nos rodean. No buscaremos su influencia en nuestra carta astral, ni nos preguntaremos sobre sus efectos en la suerte, el dinero o el amor, ni indagaremos en su interpretación astrológica, ni nada parecido. Sencillamente, disfrutaremos del espectáculo (si el tiempo no lo impide).

Aunque yo, por lo menos, sí que voy a hacer una predicción. La proximidad de la conjunción va a afectar seriamente a nuestra salud. Al menos, a la mía: me entra dolor de cabeza cada vez que veo a un astrólogo diciendo majaderías en la televisión. Y ya verán que, conforme se acerque el acontecimiento, la presencia televisiva de personajillos dispuestos a abusar de la credulidad del prójimo se incrementa exponencialmente.

Claro que esta predicción no tiene nada que ver con efecto astrológico alguno. En realidad, se basa tan sólo en ese trecho que aún nos falta por recorrer para que la definición de "seres racionales" que nos damos a nosotros mismos deje de ser, ¡ay!, una lamentable exageración.

2002-04-21, 00:53 | 0 comentarios

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