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Creo que es en la película “Siete novias para siete hermanos”: un grupo de personas que, en un tiempo digno de figurar en el “Libro Guiness de los Récords”, levantan una casa. Moviéndose al son de la música, parecen hormigas atareadas trayendo vigas de madera, clavando clavos, serrando, cortando, ajustando... una escena preciosa. Un tanto agotadora, si se pone uno a pensarlo, pero preciosa.

La del otro día tampoco estaba mal. Ciertamente, la música la ponían las bocinas de algunos conductores que, sin sensibilidad estética alguna, se quejaban del atasco. Y la coreografía, un policía municipal que no daba abasto. Pero, por lo demás, el panorama transmitía la misma sensación de frenético ajetreo que la de la película. Conté dos enormes máquinas barriendo la calle, un camión cuba regándola, otros dos camiones cargados de plantas y utensilios de jardinería, y tropecientas personas corriendo de acá para allá. Unos llenaban los jardines de plantas de flor, mientras otros adornaban los alcorques de los árboles con una grava de un bonito color marrón. Aquí y allá, unos operarios conectaban frenéticamente los cables de las farolas recién instaladas, mientras otros barrían las aceras (y, de paso, llenaban las casas de polvo, pero, en fin, es el precio de la estética urbana), ajustaban alguna tapa de alcantarilla que no terminaba de encajar, o recogían a toda prisa los restos de la poda de palmeras que acababan de hacer. Se colocaban los últimos adoquines, se daban aquí y allá algunos retoques de pintura... en fin, que estaban dejando la calle –que hasta el día anterior había estado patas arriba- hecha un primor.

Como decía, el espectáculo era precioso. Pero también me pareció ejemplar: una magnífica muestra de la actividad municipal en todo su esplendor. Quienes critican tanto a los Ayuntamientos deberían haber contemplado aquel extraordinario despliegue de medios materiales y humanos, aquel maravilloso ejemplo de rapidez y eficacia.

“Seguro –pensé- que esto es solo el principio. Mañana, este ejército de operarios se dirigirá a alguna de las urbanizaciones en las que quedan aceras por terminar, calles por asfaltar, farolas que jamás han dado luz, solares y barrancos convertidos en vertederos... y los dejarán también como los chorros del oro”. Una tarea que hasta entonces me había parecido imposible, entre otras cosas porque hay muchísimo trabajo por hacer. Pero ese día, al ver que el Ayuntamiento era capaz de movilizar semejante cantidad de trabajadores, me convencí de que, por fin, iban a desaparecer de verdad los vertidos (ahora tapados con tierra, sin más), se iban a eliminar los baches que proliferan como hongos, las zonas verdes, en su mayoría descuidadas o inexistentes, iban a convertirse en hermosísimos vergeles, y todos los ciudadanos, vivieran en la parte del municipio que vivieran, serían felices y comerían perdices. En el suelo, porque, desde luego, con tanto barrido y tanto fregado las calles estaban quedando como para comer en ellas.

Me convencí, como digo, y tardé nada menos que diez minutos en desengañarme. Porque ese fue el tiempo que pasó hasta que alguien me explicó que todo aquel arreglo, toda aquella limpieza y desinfección, toda aquella actividad municipal se debía, simplemente, a que esa misma noche, en ese mismo sitio, iba a celebrarse un mitin de apertura de campaña electoral.

En fin, que mi sueño se hizo añicos como el cántaro del cuento de la lechera.
Hasta que pensé que, bueno, si el Ayuntamiento hacía todo esto para preparar un mitin, ¿por qué no pedir que hagan uno en mi calle? Estoy seguro de que a mis vecinos no les importaría soportar un par de horas de consignas y eslóganes a cambio de que nos asfalten la calle, nos pongan aceras, farolas, plantitas con flores... y veamos trabajar a una de esas máquinas de limpieza que, hasta ahora, han brillado sobre todo por su ausencia.

Así que yo quiero un mitin en mi calle. Lo pido públicamente. Un mitin, por favor.

Y de cualquier partido. Porque yo no soy tan mal pensado como para creer que el Ayuntamiento haga esto solamente en los mítines que, como el de aquella noche, vaya a dar el actual alcalde. ¿Verdad que no?

2003-04-14, 02:53 | 1 comentarios

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Comentarios

1
De: eva-lamaga Fecha: 2003-04-14 06:57

este es un comentario para no hacer comentarios. A tu historia no le falta ni le sobra una sola palabra. Sencillamente perfecto.



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