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En fin, han pasado ya un par de días desde el asesinato de Joseba Pagazaurtundua. Sobre el asesinato en sí, poco puedo decir: no haría más que volver a mostrar el asco y la repugnancia que me causan quienes creen que se puede asesinar por un ideal (incluso si no fuera tan estúpido como en el caso de ETA) y quienes colaboran con ellos. De hecho, creo que el mensaje que ha transmitido la familia de Joseba, al excluir expresamente de la invitación a asistir a los funerales del muerto a los miembros del gobierno vasco y de los partidos firmantes del "Pacto de Lizarra", es mucho más explícito que cualquier cosa que pudiera yo decir.

Pero en estos dos días largos, siento un vacío aún mayor que el que suele entrarme cada vez que alguien cae bajo las balas de los que no tienen más argumentos que el asesinato y el miedo. Y es que echo de menos la actitud unánime, prietas las filas, de los cineastas contra ETA. Echo de menos la condena del terrorismo, elegantemente altiva, de la estupenda Marisa Paredes. La camiseta con el lema "ETA no" de Javier Bardem. Las gracietas contra Otegui o Arzallus de el Gran Wyoming (curioso y americanísimo sobrenombre). La denuncia chistosa del nacionalismo excluyente y criminal orquestada por Animalaria.

Y vuelvo a preguntarme, por enésima vez desde que vi la gala de los Premios Goya, si no será que una actitud de decidida crítica al gobierno blinda eficazmente las ayudas económicas al cine. Si no será que, tras la formación cerrada de los cineastas, se esconde también la intención de que ningún ministro del ramo se atreva a regatear un céntimo en las subvenciones ante el miedo a ser públicamente lapidado con la acusación de estar llevando a cabo algún tipo de represalia contra las gentes del cine por su actitud antibelicista.

Y, sobre todo, me pregunto una vez más si no será que ni Bush, ni Blair, ni Aznar pintan dianas con nombres dentro, ni disparan tiros en la nuca a quienes tienen la osadía no ya de discrepar de ellos, sino, simplemente, a quienes no piensan lo mismo que ellos piensan. Que resulta más popular, más rentable y, sobre todo, infinitamente más seguro burlarse del bigote de Aznar que mostrar el más mínimo reproche ante quienes asesinan.

La verdad, a veces este mundo es de un cochino...

2003-02-11, 08:20 | 0 comentarios

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