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La señora se sentó frente a mi escritorio. Yo ya la conocía: una de las muchas vecinas de las urbanizaciones del pueblo.

- Vengo -dijo tras los saludos de rigor, en un castellano más chapurreado que hablado -porque tengo un problema en mi calle. El otro día llegó alguien del Ayuntamiento y colocó un cartelito junto a mi puerta...

Imaginé lo que vendría a continuación. Las urbanizaciones, tantos años abandonadas (excepto a la hora de cobrar los impuestos municipales) han amanecido de repente llenas de nombres de calles y números de puerta. Se supone que de este modo se ha acabado la pesadilla de los carteros, que a diario se enfrentan al reto de tener que llevar una carta cuya dirección dice tan solo algo así como "Urbanización Panorama n.º 1.476". Pero, a cambio, ha empezado la pesadilla de los vecinos. Muchos de ellos son extranjeros, y el resto, en su inmensa mayoría, proceden de otras zonas de España. Y resulta que han bautizado las calles con nombres de animalitos y plantas... exclusivamente en valenciano. El resultado es que muchos vecinos se quejan de que ahora su calle tiene un nombre que ni saben lo que significa ni, en muchos casos, son siquiera capaces de pronunciar de una forma inteligible.

Y, para estos problemas, ya tenía mi respuesta preparada. Nominar calles es una potestad municipal, lo cual quiere decir, en román paladino, que depende casi exclusivamente de la santa voluntad del alcalde y sus concejales. Y, por tanto, para pedir un cambio de nombre lo único que puede hacerse es preparar un escrito dirigido a la alcaldía, presentarlo en el Registro de Entrada del Ayuntamiento, y a continuación encomendarse fervorosamente a algún santo de fama milagrera. Especialmente recomendable resulta, en este sentido, Santa Rita, por su doble condición de patrona de los funcionarios municipales y abogada de los imposibles.

Pero no era ese el problema, no. La mujer prosiguió:

- ...y me han colocado el número 13.

O bien yo no disimulaba muy bien la risa que me estaba entrando, o la pobre señora ya había pasado la experiencia de encontrarse con que la persona a la que contaba su tribulación reaccionaba a base de carcajadas. Porque siguió, como justificándose:

- Yo no soy supersticiosa, ¿sabe? Pero a una amiga mía le pusieron en su casa el número 13 y se murió toda su familia en un accidente. Y un primo mío murió en accidente de aviación precisamente el día en que le tocó sentarse en el asiento número 13. Y...

En fin... desistí de intentar razonarle que, en el improbable caso de que su primo se hubiese sentado en el asiento número 13 de un avión (muchas compañías aéreas pasan directamente del número 12 al 14, precisamente para evitar problemas con quienes "no son supersticiosos, pero..."), seguramente en el accidente hubo muchos más muertos, y esos iban sentados en asientos con números distintos. Que yo también conocía a personas que había tenido la desgracia de perder a su familia en un accidente sin vivir en un número 13. O que, ya puestos, el número 13 es tan peligroso o tan inofensivo como pudieran ser el 1, el 3, el 44 o la raíz cuadrada de pi.

En fin, que no sabía que decirle. Hasta que se me iluminó la bombillita.

- Bueno-, le dije-. Creo recordar que en su calle van a construir una casa nueva. A lo mejor así consigue que le cambien la numeración.

Y entonces la pobre señora, con lágrimas en los ojos, me contestó:

- Sí, pero la casa la construyen en mi parcela, porque la hemos dividido en dos. Y cuando he preguntado en el Ayuntamiento, me han dicho que, como ya están puestos todos los números de la calle, yo me quedaré con el 13 y mi otra casa va a ser el número 13 bis...

Y ahí, lo confieso, ya no pude contener la risa.

Que uno no es de piedra.

2003-02-04, 07:34 | 5 comentarios

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Comentarios

1
De: Rigel Fecha: 2003-02-04 18:16

La manía de los nombres de uso público en lenguas propias de comunidades da más de un problema. No es tanto el caso de la rotulación de calles cuanto el de las direcciones de carreteras, que ya ha hecho correr ríos de tinta y miles de millones de bites.
¡Menudo conflicto para un andaluz, por ejemplo, dar a su suegra, por teléfono, la dirección de su casa en Valltorta de l'Atmetlla cuando vive en la calle D'els Jutjats! Eso suele acabar en ruptura familiar.



2
De: canopus Fecha: 2003-02-04 22:14

La verdad es que, a parte del idioma, los nombres de las calles tal cual están planteados no suelen ser muy útiles. A veces sí siguen cierta "lógica" (un barrio con nombres de paises en todas las calles, por ejemplo), pero eso son las menos.

Y eso de numerar las calles, al estilo americano, parece que tampoco convence a la gente.



3
De: Yam Fecha: 2003-02-05 07:50

Pues en este caso, canopus, los nombres de calles sí guardan cierta lógica. En la zona donde yo vivo, por ejemplo, son todos nombres de pájaros, y al otro lado de la avenida principal se han puesto nombres de ciudades. En un principio se pensaba en escoger un tema concreto para cada urbanización, pero se ve que la imaginación no les dió para tanto.

De todos modos, el problema aquí es más que nada el de haber utilizado nombres autóctonos (y, para colmo, según las quejas de los viejecitos del pueblo, muy mal escritos). Yo chapurreo un poco el valenciano, pero soy incapaz de escribir correctamente el nombre de mi calle, y no consigo recordar el que le han puesto a la de al lado, que me suena a chino. Calcula lo que puede suponer eso para un jubilado inglés, alemán o noruego que vino a esta zona ya mayor, y que a duras penas ha conseguido entender medianamente el castellano.

Al final pasa lo que pasa: esta tarde, unos franceses me han dado su dirección y, al cuarto intento, han tenido que renuncir a intentar acordarse de cómo se llama ahora su calle, y me la han dado a la vieja usanza, con el nombre de la urbanización, y el número de casa.

En fin...



4
De: Akin Fecha: 2003-02-05 08:39

En fin... siento disentir pero.. me parece muy bien que se usen nombres autóctonos para las calles. Y si es zona de emigrantes pues lo siento por ellos pero que se adapten. Y si no aceptemos que muchas zonas de mayorca tengan nombres alemanes porque son mayoría...

Y si no, dado que la lengua universal es el inglés, todo escrito en inglés y a joderse...

Pues no, las lenguas son un recurso cultural mas importante que la pintura o la arquitectura, nos dicen muchísimo mas sobre la gente que allí vivió, y expresan muchísimo mas también (véase la entrada homenaje a Castelao de mi blog), todo el mundo se echaría las manos a la cabeza si se quisiese derruir la colección de iglesias románicas de una zona porque ya no hay creyentes, pero a nadie parece importarle que se pierda un idioma porque la gente mayoritariamente usa otro...



5
De: Yam Fecha: 2003-02-06 08:34

Akin, permíteme tres pequeñas "broncas" ;-)

La primera es sobre tu comparación con lo de las iglesias románicas. Todo el mundo se echaría las manos a la cabeza si alguien quisiera derribarlas porque ya no hay creyentes, sí. Pero seguro que todo el mundo se echaría también las manos a la cabeza si alguien propusiera remediar la falta de creyentes obligando a la gente a acudir a misa. El símil, por lo tanto, debería utilizarse de otra manera: el riesgo de que una lengua autóctona o una religión acaben por desaparecer no se debe remediar tratando de imponerlas, ¿no te parece?

La segunda "bronca" es sobre lo de "la gente que allí vivió". De acuerdo. Pero es que aquí, antes de los valencianoparlantes, vivieron colonos castellanos. Y, antes, musulmanes. Y antes que eso, hispanorromanos. Y antes todavía, varias tribus iberas. Y así sucesivamente. El peligro de apelar a la herencia histórica es que para ello siempre tienes que referirte a una época determinada y rechazar las demás. Y, francamente, si es por eso me parece por lo menos igual de legítimo defender la lengua predominante aquí a principios del siglo XXI (que es el castellano por una abrumadora mayoría) que la que se hablaba preferentemente a principios del siglo XX; ambas responden a un momento histórico determinado, ambas deben su predominio a unas circunstancias históricas concretas y, encima, resulta que una es mucho más útil que la otra.

Y la tercera bronca, esta sin comillas y con todas las de la ley, es por lo primero que dices: que sientes disentir. No lo sientas: me encanta que disientan conmigo. Es una oportundad para discutir si se tercia (que siempre es entretenido), para conocer otras opiniones y, sobre todo, para aprender de ellas y, a veces, incluso reconocer que son mejores que las mías y adoptarlas.



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