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Seguro que han visto el anuncio en televisión: un tipo sostiene en la mano una cucharilla mientras afirma con voz profunda que “tu mente puede conseguir lo que desees”, y un chaval que está viéndolo por la tele se concentra todo lo que puede, pero en vez de doblar la cucharilla lo que hace es mover el coche del vecino (que es, evidentemente, lo que de verdad desea).

El anuncio entra de lleno en una tendencia muy de moda en la publicidad, y es la de la complicidad con el espectador: en vez de limitarse a contarte lo buenísimo que es el producto que intentan venderte, los publicistas te hacen un guiño y apelan a algo que se supone que ya conoces. Y en este caso, evidentemente, la alusión es a Uri Geller, el israelí supuestamente dotado de poderes psíquicos que, allá por los años setenta y ochenta, se hizo famoso en todo el mundo poniendo relojes en marcha, rompiendo llaves y, sobre todo, doblando cucharillas “con el poder de su mente”.

En realidad, eso de doblar cucharillas “con el poder de la mente” es mucho más fácil de lo que parece. No sólo está al alcance de cualquier ilusionista profesional (y Uri Geller, antes de empezar a presumir de tener dotes paranormales, trabajaba precisamente como ilusionista en una sala de fiestas), sino que cualquiera con un mínimo de entrenamiento puede conseguirlo con toda facilidad y con resultados espectaculares. Igual que lo de romper llaves, poner relojes en marcha o cualquiera de los trucos que hicieron famoso a Uri Geller: la mayoría se encuentran perfectamente descritos en cualquier manual de magia para principiantes.

Y, sin embargo, lo que hasta el más torpe de los ilusionistas puede hacer con los ojos cerrados, nos parece una proeza paranormal cuando quien lo realiza es un tipo que, simplemente, nos asegura que lo hace gracias a sus portentosas facultades psíquicas. Algo debe fallar en nuestra capacidad de razonamiento cuando vemos a David Copperfield hacer desaparecer la Estatua de la Libertad, al mago Blake adivinar lo que alguien ha escrito en un papel, o al asombroso Juan Tamariz sacando infaliblemente la carta que quiere de una baraja, y lo único que nos preguntamos es cuál será el truco. Y, en cambio, nos maravillamos ante los “poderes psíquicos” con los que otros aseguran que realizan lo que en realidad son trucos muchísimo más simples.

Hace algún tiempo, un programa de la televisión argentina presentó uno de estos portentos: un tipo que enseñaba a los niños la increíble capacidad de ver con la yema de sus dedos, hasta el punto de que podían incluso leer un texto con los ojos vendados, simplemente pasando las manos por encima del escrito. Y, en efecto, ante el asombro del público, algunos de sus alumnos hicieron alarde de sus habilidades paranormales, leyendo con los dedos un libro a pesar de la aparatosa venda que cubría sus ojos. Todo muy espectacular... hasta que se levantó alguien del publico y colocó un cartón frente a la barbilla de los niños. Y, ¡oh, milagro!, desaparecieron sus facultades paranormales. Cualquier mago sabe que, cuando se coloca una venda sobre los ojos, el puente de la nariz la levanta ligeramente, y con un poco de entrenamiento es posible “atisbar” por ese hueco hasta el punto de leer un libro. Y eso era justamente lo que aquel charlatán había enseñado a los chavales.

Y eso es lo que suele pasar en todos estos casos. Uri Geller no fue capaz de doblar cucharillas en el programa de televisión de Johnny Carson, sencillamente porque el presentador, ilusionista aficionado, se preocupó de impedir que pudiera manipularlas. Los zahoríes que acudieron al concurso de una asociación escéptica francesa fueron incapaces de encontrar agua en cuanto se les puso ante un circuito de tuberías sobre las que no había vados, árboles, plantas o alguno de los muchos indicios de humedad que les permiten localizar “psíquicamente” las corrientes subterráneas. Y hasta ahora, nadie ha conseguido superar el Desafío Paranormal de James Randi, un ilusionista que ofrece un premio de un millón y pico de dólares a quien demuestre, en condiciones rigurosamente controladas, tener facultades paranormales.

Estos días se celebra en Zaragoza el Congreso Nacional de Magia. Un congreso en el que los asistentes podrán disfrutar de escalofriantes hazañas de adivinación, asombrosos números de escapismo, prodigiosas desapariciones... mucho más espectaculares, sin duda, que las de los charlatantes de lo paranormal. Y mucho más honradas: los magos admiten que sí, que hay truco. Sin necesidad de presumir de unos inexistentes poderes psíquicos que, en cuanto uno observa con un poco de detenimiento y sin dejarse llevar por la credulidad, desaparecen... como por arte de magia.


Publicado en Diario Información el 4 de julio de 2004.

2004-07-09, 01:00 | 1 comentarios

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Comentarios

1
De: jacobo Fecha: 2004-09-19 04:58

me interesa saber mas de estos temas



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