El Yamato navega de nuevo
Inicio > Historias > No quiero despedirme
> No quiero despedirme <

Sería poco menos que absurdo que yo me pusiera a teorizar a estas alturas sobre lo que es o no es una bitácora. Muchos lo han hecho antes y, desde luego, mejor de lo que yo lo podría hacer (y obvio el enlace porque no sabría cómo enlazar a tantas y tantas reflexiones de calidad como he podido ver por estas blogosferas). Y, en todo caso, hay tantos tipos de blog que resulta difícil encontrar esos rasgos comunes a todos que pudieran ayudarnos a encontrar una definición.
Pero uno sí que es fácil de identificar: el riesgo.

Divulgar lo que uno crea siempre tiene un cierto componente de riesgo. En parte íntimo y personal: la posibilidad de que no guste, que no sea bueno, que no interese, que nadie lo lea, o lo mire, o lo escuche, o lo entienda. Una posibilidad más ficticia que real, en la mayoría de los casos, pero basta el miedo a asumir ese riesgo para paralizar a mucha gente.

Y, si se vence el temor, aparece el otro riesgo, el real, el verdaderamente importante: que alguien la tome contigo. Que te conviertas en blanco de puyas, bromas y tonterías. Que alguien sienta -o imagine- que le has pisado un callo, y contraataque. Como sin duda habrá dicho alguien alguna vez, subirse al escenario te puede convertir en un blanco perfecto para que te tiren tomates.

Y este último riesgo se maximiza en el caso de las bitácoras. Si uno publica un libro, o escribe en un periódico, o expone unos cuadros, o da una charla, siempre existe algún tipo de filtro contra desaprensivos: la crítica literaria es un campo -por suerte- bastante restringido, las "cartas al director" pasan por el tamiz de un responsable de su publicación y requieren proporcionar la identidad de quien las envía, y en los actos públicos los energúmenos tienen forzosamente que dar la cara.

Pero en las bitácoras esos filtros no existen. Basta pinchar en "comentarios" y cualquiera puede dejar ahí su reflexión, su pensamiento, su insulto o su majadería. Y ni siquiera tiene que dar su identidad: puede inventarse cualquier nombre o pseudónimo, o utilizar el de otro. Una bitácora tiene siempre, por definición, las puertas abiertas para que cualquiera dé rienda suerta a sus ganas de bromear, a su estupidez o a su rencor. Y aunque este último puede ir firmado con nombres y apellidos, lo habitual es que los dos primeros se amparen en el anonimato de la red. En el caso de las ganas de cachondeo, porque forma parte de la broma. Y en el caso de la estupidez, obviamente, porque a nadie le gusta hacer gala de ella, aunque muchos la tengan -la tengamos, vale- escandalosamente sobredimensionada.

Y así son las cosas. Es parte del juego y tenemos que asumirla: el mismo mecanismo que nos proporciona la retroalimentación que queremos para nuestras historias es el que nos convierte en vulnerables frente a lo que es, ante todo, un ejercicio de responsabilidad o irresponsabilidad, de educación o falta de ella, o de inteligencia o vacuidad mental del prójimo. Y siendo del prójimo, poco podemos hacer para remediarla.

De modo que no nos quedan más que dos opciones. La primera es tomar esas cosas como lo que son, y valorarlas en su justa medida. Si alguien actúa contra nosotros por rencor, pues qué le vamos a hacer: se trata de una emoción, no de una reflexión, y malamente se puede combatir mediante el razonamiento. Además, en realidad la situación es peor para quien vive del rencor que para quien sufre la venganza: las emociones que parten de un agravio (real, imaginario o a mitad de camino), como el rencor, el odio, la envidia... lo único que hacen es perpetuar en el recuerdo ese agravio, hacer que siga presente. En cierto modo es una forma de masoquismo encubierto y a veces inconsciente. Y si nos dejamos arrastrar por ese juego, también nosotros nos convertimos en masoquistas. Cosa que, creo, no merece la pena.

Las bromas, el sentido del humor retorcido, hiriente y a veces simplemente malicioso, también puede dejarse de lado. El humorismo es con mucho el género más difícil de todos, puesto que no basta con que nuestras ingeniosidades nos hagan gracia a nosotros, sino a los demás. Si una broma sólo hace gracia a su autor, se convierte en un fracaso. Y si lo que pretendía no era hacer reír, sino molestar, también fracasará en el momento en que no hagamos caso de ella y no dejemos que nos moleste. Si para el rencor el mejor remedio suele ser el tiempo, que cura las heridas y facilita la reflexión del rencoroso, para quienes buscan ofender lo más efectivo es simplemente el desprecio.

Y en cuanto a la estupidez... bueno, "contra la estupidez los propios dioses luchan en vano". Así que, ¿para qué vamos a luchar nosotros, simples mortales?

Claro que también podemos reaccionar de otra manera, cansarnos, cerrar el chiringuito e irnos. Algo que bien merecerían muchos, desde luego, pero que no deja de ser una forma de proporcionarles una victoria. Y eso es lo que debemos valorar: si merece la pena darles el mezquino placer de pensar que han ganado. Mezquino y falso, porque en el fondo lo que han conseguido no es vencernos, sino hartarnos, como cuando uno se sienta en el campo, descubre que le están mordiendo las hormigas, y decide, sin más, irse. Pero placer, al menos en el sentido estrecho y pequeñito con el que algunos conciben ese sentimiento.


No sé cuál será la decisión final de Flexar Orion tras ese período de reflexión que se otorga y que nos impone (porque nos deja, de momento, sin una de las mejores bitácoras de temática científica de la red). Puede que decida que se ha hartado del hormiguero, y cierre definitivamente la bitácora. Y aunque podremos seguir disfrutando de sus intervenciones en la radio, sus artículos y libros y, en el caso de unos pocos privilegiados, sus mensajes de correo electrónico o sus llamadas a la reflexión desde El Escéptico y su presencia en las reuniones de la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico-ARP, la verdad es que sin Ciencia 15 la red será, como mínimo, un poco más pobre.

Así que volvemos al principio: tampoco soy yo nadie para animarle a que siga, a que no haga caso de idioteces -porque eso es lo que son-. Y mucho menos desde esta bitácora que tiene algo de escepticismo, de diario íntimo, de intentos humorísticos, de política y de qué se yo cuántas cosas más, hasta el punto de que nuestra bibliotecaria favorita le colocó el acertadísimo calificativo de "incalificable". Una bitácora así está, casi por definición, expuesta a ese tipo de ataques, así que un servidor ya los tiene asumidos y, en cierta medida, descontados. Pero Ciencia 15 es una bitácora seria (y al mismo tiempo divertida y entretenida, que ya dijo Chesterton, o alguien que se le parecía mucho, que "divertido" no es lo contrario de "serio", sino de "aburrido"), y ni tiene por qué sufrir los ataques de las chinches, ni tiene tampoco por qué soportarlos.

Así que no me creo con derecho a sugerir a Flexar Orion que siga.

Pero sí a decirle que, de verdad, me daría muchísima pena que se fuera.

2003-09-03, 17:09 | 10 comentarios

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://yamato.blogalia.com//trackbacks/11020

Comentarios

1
De: JJ Fecha: 2003-09-03 21:18

Buena reflexion, Yamato. También, en los tiempos que corren, valiente.



2
De: Pippa Fecha: 2003-09-03 22:51

Hay bitácoras que borran periódicamente los comentarios insultantes y anónimos. Hasta hace poco la medida me resultaba ligeramente desagradable, quizá porque fui testigo de un par de casos en que me pareció un abuso y una falta de educación el ejercerla. Estos días he empezado a considerarlo desde otra perspectiva.



3
De: Akin Fecha: 2003-09-03 23:03

Gracias Yamato, suscribo casi en su totalidad (y el casi es un cinturón de seguridad más que un matiz) el comentario. De nuevo volvemos a coincidir.



4
De: fernand0 Fecha: 2003-09-03 23:13

A mi tampoco me gusta mucho borrar comentarios Pippa, pero me da la impresión de que ciertos comentarios no ayudan mas que a ensuciar las cosas.



5
De: Akin Fecha: 2003-09-03 23:32

Jajajajaja, me temo que todo este asunto nos ha hecho evolucionar a todos. Yo todavía me resisto a borrar comentarios, pero la tentación de hacerlo es cada vez mas fuerte.



6
De: Vendell Fecha: 2003-09-04 03:09

Yamato, nunca había pensado tanto en el desencanto como estos días, y gracias a su reflexión hoy cierro ese capítulo. Eso, que gracias.

Y por si sirve de algo, Pippa, sistemáticamente y desde el primer día edito los comentarios que la gente deja en mi blog. Si me parece que son malintencionados los elimino. No han sido muchos, pero el esfuerzo merece la pena.

¿Libertad de expresión? Y una mierda. Que lo escriban en el vaho del espejo.



7
De: Pedro Fecha: 2003-09-04 03:15

Efectivamente, Vendell, una cosa es la libertad de expresión y otra muy diferente tener que poner tú un foro para que los demás expresen según qué cosas. Que el que quiera expresar lo que sea que se busque su propia bitácora.

Por haber, hay bitácoras americanas que borrar todos los comentarios que no se refieren a la historia comentada.



8
De: Pippa Fecha: 2003-09-04 03:18

XDDD

Vendell, recuérdame que cuando nos conozcamos te pida un autógrafo :-)



9
De: Fura Fecha: 2003-09-04 06:32

Hombre....pues mira que ahora que empezaba a leer la bitácora de Ciencia 15, va y amenaza con dejarlo.

Pues yo le animo humildemente a continuar con ella. Contará por lo menos con un servidor como lector asíduo. La vida de Blogero es más dura que la de Play Boy. ¡¡Animo Flexar!! (¿dejarías tu programa de radio porque no guste a todos?)



10
De: El Peatón Fecha: 2003-09-04 07:29

¿Sabes? lo que me tranquiliza es que Flexar va a seguir en el tajo, sea en el formato que sea ;-)



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.225.39.142 (df0608c17a)
Comentario


La prehistoria
<Septiembre 2017
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  
             

Buenos vecinos
La Biblioteca de Babel
Cuaderno de Bitácora
Quotidianum
Una cuestión personal
Por la boca muere el pez
El GNUdista
Los Cien Gaiteros del Delirio
La Katana de Occam
Reflexiones e Irreflexiones
Diario de un Autómata
Batiburrillo
Desbarradas de Akin
Atalaya: desde la tela de araña
La crucifixión de Clío
El peatón del aire
Odisea
Polinesia
Y, por si os parecen pocas, taaaaantas otras que me olvido.